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Escrito por Antonio J. Fas Alzamora
Domingo 07 de Marzo de 2010 20:00
 

Presentación

Pacto de Asociación entre los Gobiernos

del Estado Libre Asociado de Puerto Rico y Estados Unidos de América

 

 

Agradezco la asistencia de los distinguidos puertorriqueños y puertorriqueñas que se han dado cita para escuchar la presentación de mi propuesta de Pacto de Asociación entre los Gobiernos del Estado Libre Asociado de Puerto Rico y Estados Unidos de américa.  Mi agradecimiento también a la Escuela de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, por permitirme hacer esta presentación en sus facilidades, como parte de sus actividades académicas y de análisis jurídico y político.  La propuesta que les estaré presentando es el producto de más de diez (10) meses de estudios y trabajo intenso. Hoy tengo la satisfacción de hacer pública esta propuesta, que es solo el principio de una jornada a la que me referiré más adelante.

Quiero explicarles las circunstancias que me han llevado a presentar esta propuesta de Pacto de Asociación.

Como ustedes conocen, tengo el honor de ser el funcionario electo que le ha servido por mayor cantidad de tiempo tanto a mi pueblo, como al Partido Popular Democrático.

En todos estos años de servicio al país y a mi partido, me he comprometido con una serie de causas, principios y objetivos. Una de ellas ha sido la defensa de la identidad nacional puertorriqueña.

Puerto Rico es una Nación, con su propio idioma, identidad, cultura e Historia. Nuestra identidad se ha manifestado además en causas que he abrazado toda mi vida, como ha sido la defensa de nuestra soberanía deportiva. Por esa razón, fui una de las personas que junto al Alcalde de Mayagüez, acudió recientemente a Washington DC para intervenir en la disputa internacional que, lamentablemente, ha desembocado en la ausencia de la delegación cubana de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, Mayagüez 2010. Volveré a ese tema más adelante.

Reitero que somos una Nación, a pesar de las limitaciones que nos han impuesto cientos de años de ausencia de pleno gobierno propio; limitaciones que a su vez han producido el desarrollo lógico de circunstancias - buenas y malas - que no pueden ser ignoradas al concebir soluciones dignas a los problemas del país. Esas circunstancias han llegado a convertirse en realidades, que en algunos casos son positivas - como lo es el respeto y el compromiso con los derechos fundamentales y naturales del ser humano - y en otras negativas, como lo ha sido el estancamiento y la dependencia económica.

Es la determinación en preservar lo bueno y combatir lo malo, la que me ha motivado a proponer este paso fundamental en el desarrollo del Estado Libre Asociado. Siempre he creído que nuestro país en general, y el Partido Popular en particular, tienen una agenda inconclusa desde 1952. El arquitecto del ELA y Presidente de la Convención Constituyente, el Dr. Antonio Fernós Isern, padre de distinguidos amigos que forman parte de esta Facultad de Derecho, dijo lo siguiente:

“Llegados al [Estado Libre Asociado] no hemos encontrado una cómoda y acabada mansión en que albergarnos: sino, todavía, solo los cimientos, las paredes externas y la techumbre de un edificio a medio construir, en que nos hemos acomodado en tanto completamos la estructura para que adquiera ésta su definitivo empaque”.

 

Por otra parte, Luis Muñoz Marín, líder máximo de este pueblo en el Siglo XX, y con quien tuve la oportunidad de compartir y conversar en muchas ocasiones cuando me iniciaba en la política, expresó lo siguiente en 1954, ante la Asamblea Legislativa:

“En lo que respecta al status político corresponde decir algunas palabras. Que quede claro: no vamos a hacer nada nosotros para que el actual status político no sea permanente. Una manera de asegurar que no es permanente es dejándolo estático, sin crecer, sin mejorarse. Como está ahora el arreglo […] puede decirse que es bueno en relación con el momento en que se hizo, y aun con el actual momento; pero que no tendrá bondad permanente, si el pueblo de Puerto Rico vale lo que creo que vale, a menos que crezca. De ahí la importancia de que, mientras más se quiera la permanencia más se reconozca el deber de pensar y propiciar el crecimiento.”     

 

Continúa diciendo Muñoz,

 

“El crecimiento es lo que garantiza la permanencia. El estancamiento en la actual modalidad de status podría provocar la impermanencia.”

 

Amigos, estas palabras orientadoras de Muñoz Marín no fueron expresadas en el 2010: Muñoz las expresó apenas dos (2) años luego de fundado el ELA. Muñoz Marín y Fernós Isern reconocieron, partiendo de su honestidad intelectual, que el ELA de 1952 no solucionó de manera definitiva la lucha de nuestro Pueblo por lograr su pleno gobierno propio, según ordenan tanto el derecho internacional como las luchas históricas que hemos heredado de personas como Román Baldorioty de Castro.

¿Y por qué debemos atender ahora, en 2010, el tema de nuestras relaciones políticas con Estados Unidos? Estoy convencido que la solución al llamado problema del status político no se limita a vindicar nuestra dignidad política. Hoy día, atender responsablemente el asunto de nuestras relaciones políticas con Estados Unidos resulta clave para encontrarle alternativas al colapso económico y social que sufrimos en Puerto Rico.

Es inaceptable que nos quedemos cruzados de brazos mientras miles de puertorriqueños siguen perdiendo sus empleos. Y no me limito a los empleos en el gobierno, objeto de controversias por las decisiones de la administración actual: han sido decenas de miles los empleos perdidos en la empresa privada desde hace varios años. Por otra parte, somos testigos todos los días de las quiebras y los cierres de tantas empresas puertorriqueñas. Solo basta transitar por las calles de nuestro país para ver los letreros de “Se Vende” o “Se Alquila” en tantos negocios locales. Tampoco podemos cruzarnos de brazos mientras tantos puertorriqueños, educados en nuestras escuelas y universidades, toman la decisión difícil de dejar atrás a sus familias para buscar mejores oportunidades económicas y calidad de vida en otros países.

No puedo dejar de mencionar el hecho de que mientras el mundo ha cambiado, Puerto Rico sigue igual. Ya es trillado comentar que los países han estado relacionándose de manera más activa en las pasadas décadas. Mientras Puerto Rico solo mantiene un acceso al mercado de Estados Unidos, los demás países se relacionan cada vez más mediante tratados comerciales y organismos internacionales. Y ese acceso exclusivo al mercado de Estados Unidos, del que gozó Puerto Rico durante gran parte del Siglo Veinte, hoy lo tienen también otros países por virtud de tratados de libre comercio. Para mi es inaceptable cómo todos los países de nuestra América y el Caribe se relacionan entre sí, abriendo mercados para sus bienes y servicios, mientras en Puerto Rico nos conformamos con la nada. 

El colapso económico y social en el que nos encontramos nos obliga a plantearle una salida al país. Yo estoy convencido, como ya lo están miles de personas en Puerto Rico, que necesitamos un Proyecto de País. Un Proyecto de País que enfrente de manera valiente las raíces de los problemas económicos y sociales de nuestra patria. Como miembro del Partido Popular Democrático, confío en la capacidad de los puertorriqueños para generar una nueva revolución pacífica, como mi partido pudo llevar a cabo desde la década de 1940. Ahora los problemas principales quizás no sean aquellos relacionados a la pobreza material; hoy, en el Siglo veintiuno, corresponde enfrentar la incapacidad estructural del país para crear riqueza y empleos; de un sistema económico que lucha por sostenerse con los esfuerzos de apenas el 40% de los trabajadores hábiles; de una situación en la que la clase media está siendo cada vez más oprimida por contribuciones y alzas en el costo de la vida; y, por otra parte, resultado obligado enfrentar las consecuencias de un sistema basado en el consumismo extremo y en la dependencia económica en el gobierno.

  Pero por mejores ideas que puedan existir para poner en marcha un Proyecto de País, la tarea estaría incompleta si no enfrentamos, desde ya, la falta de poderes políticos de los que adolece el ELA. Sin poderes políticos, no habrá soluciones a nuestros problemas económicos.

Es por estas razones que me he dado a la tarea de preparar la propuesta de Pacto de Asociación que hago pública hoy.

Debo indicar que hoy estoy cumpliendo con una promesa que le hice a los electores que votaron por mí tanto en las primarias, como en la elección general de 2008. Tan pronto comencé funciones en este cuatrienio, me di a la tarea de comenzar a preparar las bases de esta propuesta, así como la metodología de trabajo. En los primeros meses de 2009, convoqué a dos compañeros para que formáramos entre los tres un comité ejecutivo para preparar el Pacto. Están hoy presentes el compañero de tantas luchas, Lcdo. José Ariel Nazario, ex director de la ACAA, ex secretario de la Vivienda,  Comisionado Electoral del PPD y ex secretario del Senado. Debo destacar que Ariel, como lo conocemos, laboraba en la oficina de asuntos de Puerto Rico en Washington DC durante los trabajos relacionados al Nuevo Pacto que se estuvo trabajando en el Congreso de Estados Unidos en la década de 1970. También aceptó mi invitación el Lcdo. Ramón Luis Nieves, quien ha estudiado intensamente los modelos de asociación ensayados por Estados Unidos, y publicado varios libros sobre el desarrollo del ELA, el más reciente siendo “El ELA Que Queremos”. Sus estudios sobre las relaciones de asociación pactadas por Estados Unidos fueron de gran ayuda en la ardua labor de preparar este Pacto que hoy presento.

Ya formado el comité ejecutivo, decidí invitar a una serie de distinguidos ciudadanos, especialistas en cada una de las materias que debía atender el  Pacto. Los convocamos individualmente para que comentaran sobre ciertas propuestas que estábamos confeccionando, y para que ofrecieran sus opiniones generales sobre los temas. Muchos de dichos colaboradores han preferido permanecer en el anonimato por razones personalísimas que tenemos que respetar. Algunos nos honran con su presencia hoy en esta sala. Su dedicación desinteresada y patriótica quedó evidenciada por sus valiosas contribuciones al contenido de esta propuesta. Mi agradecimiento y reconocimiento a todos ustedes.

Como parte del trabajo preliminar, nos dimos a la tarea de estudiar todas las propuestas de desarrollo del ELA que han sido presentadas por el Partido Popular Democrático desde la década de 1950. De particular interés resultó la propuesta de Pacto que estaba discutiendo Luis Muñoz Marín con la Administración de John F. Kennedy a principios de la década de 1960. Lo interesante es que dicha propuesta anticipó los modelos de asociación política ensayados por Estados Unidos desde 1986.

Revisamos además los pronunciamientos oficiales del PPD como el Pronunciamiento de Aguas Buenas de 1970; el Nuevo Pacto de 1975; la Nueva Tesis de Rafael Hernández Colón, de 1979; las expresiones institucionales del Partido Popular Democrático, tales como la Enmienda Vizcarrondo de 1990, la Resolución de la Junta de Gobierno del 15 de octubre de 1998, las resoluciones aprobadas por la Asamblea General del Partido Popular Democrático desde el 2000 al 2008, los Programas de Gobierno del Partido Popular Democrático para las elecciones de 2000, 2004 y 2008, llegando al Pacto del Futuro de septiembre de 2009.

Hemos utilizado como modelo las experiencias de Estados Unidos al acordar relaciones de asociación desde 1986, con las Islas Marshall, Palau y los Estados Federados de la Micronesia. Vale aclarar un asunto. Sería ingenuo y poco práctico descartar los modelos de libre asociación ensayados por Estados Unidos. Hay que reconocer que los modelos de libre asociación son el resultado de una rica experiencia constitucional que los puertorriqueños no podemos desaprovechar. Estados Unidos tiene casi veinticinco (25) años de experiencia en relaciones de asociación. No solamente eso: dicha nación ha participado en la renegociación bilateral de las cláusulas económicas de sus Pactos con las Islas Marshall y los Estados Federados de la Micronesia, firmando Pactos enmendados en 2003. Incluso en los próximos días, Estados Unidos y Palau estarán firmando un Pacto enmendado con respecto a sus cláusulas económicas.  

Las experiencias de Estados Unidos con relaciones de asociación no pueden ser descartadas de golpe y porrazo por las razones que sean. El Pacto que hoy les presento “puertorriqueñiza” las experiencias de asociación ya ensayadas por Estados Unidos, pues reconoce las realidades y aspiraciones históricas del pueblo de Puerto Rico, como lo es el conservar la ciudadanía americana, entre otros. Estoy seguro que la utilización de estos modelos de asociación, ya “puertorriqueñizados”, facilitará la negociación con Estados Unidos y la aprobación del Pacto de Asociación por ambos países.

Cabe mencionar que, en el pasado, distinguidos puertorriqueños como el ex Senador Marco Antonio Rigau (en la década de 1980) y la organización cívica Cambio XXI (en la década de 1990), hicieron esfuerzos encomiables de redacción de pactos de asociación que merecen nuestro elogio y respeto. Pero a mi mejor entender, el Pacto que aquí propongo es el más abarcador y detallado que se haya presentado en Puerto Rico y, de acordarse finalmente, representará un hito en la experiencia constitucional de Estados Unidos.  Soy enfático al afirmar que este Pacto de Asociación es distinto y muy superior a los existentes en las islas del Pacífico que usamos como ejemplo conceptual en la preparación de este documento.

         Ahora, me honro en presentarles el contenido de la propuesta de Pacto de Asociación entre el Estado Libre Asociado de Puerto Rico y Estados Unidos de América. Empiezo por sus fundamentos.

El Pacto de Asociación es no colonial y no territorial, y está basado en la soberanía del Pueblo Puertorriqueño, que es lo mismo. Me explico.

Al menos desde la Enmienda Vizcarrondo de 1990, todas las propuestas del Partido Popular Democrático sobre el desarrollo del ELA han planteado que el mismo sea no colonial y no territorial. Es conocido lo que significa la alusión a lo no colonial. ¿Pero qué quiere decir eso de no territorial?

Como bien enseñan los profesores de derecho constitucional en esta Facultad, incluyendo el amigo Antonio Fernós, Puerto Rico está sujeto a la Cláusula Territorial de la Constitución de Estados Unidos. Así lo decidió el Tribunal Supremo de Estados Unidos, siguiendo la doctrina de los “Casos Insulares”. Y Puerto Rico continuó siendo un territorio de Estados Unidos luego de que se creara el Estado Libre Asociado en 1952 pues, como indica el historial legislativo en el Congreso, el ELA no representó un cambio en las relaciones fundamentales entre Puerto Rico y Estados Unidos.

Un territorio, en la definición constitucional del término, se refiere a que Estados Unidos ejerce su soberanía sobre las propiedades sujetas a su jurisdicción. Destaco el concepto de propiedad, recordando el primer artículo de la Ley de Relaciones Federales con Puerto Rico, que se refiere a Puerto Rico como propiedad de Estados Unidos. Ser un territorio de Estados Unidos es lo mismo que decir que Puerto Rico está sujeto a la soberanía de dicha nación.

Partiendo de la premisa de que Puerto Rico es un territorio sujeto a la soberanía de Estados Unidos, hay que examinar si Estados Unidos puede reconocerle poderes o áreas de autoridad adicionales al ELA actual. En el ejercicio de su soberanía sobre Puerto Rico, Estados Unidos podría reconocerle al ELA algunos poderes reclamados históricamente por el Partido Popular Democrático. Por ejemplo, la exclusión de Puerto Rico de las Leyes de Cabotaje (como ya lo hizo con las Islas Vírgenes).

Pero hay otros poderes que Estados Unidos está impedido de reconocerle al Estado Libre Asociado, mientras Puerto Rico continúe sujeto a la Cláusula Territorial y a la soberanía de dicha nación. Uno de esos poderes es el de negociar y suscribir tratados comerciales y de todo tipo. La Constitución de Estados Unidos establece que sólo el gobierno federal puede negociar tratados con otros países. Ninguna jurisdicción sujeta a la soberanía de Estados Unidos, sea Estado de la Unión o territorio, tiene autoridad para obligarse internacionalmente. Ello sería contrario al principio de uniformidad en el que se basa la Constitución de Estados Unidos.

El tribunal federal del Distrito de Columbia también decidió en 2009 lo que sería el futuro de nuestro reclamo histórico de controlar la inmigración. Al validar la ley federal que les retiró a los ciudadanos de las Islas Marianas del Norte el control de la inmigración, el tribunal federal hizo claro que el gobierno de Estados Unidos jamás va a permitir que otra jurisdicción bajo su soberanía tenga dicho poder en el futuro. Y me detengo, por un momento, para indicar que me resultó bochornoso, como puertorriqueño y como defensor de nuestra soberanía deportiva, que el ELA no tenga la capacidad hoy día para permitirle a la delegación cubana llegar a Mayagüez para compartir con tantos atletas de Centroamérica y el Caribe. Aquellos que no se indignen por el hecho de que no tenemos poderes ni tan siquiera para determinar quienes entran a nuestro país para competir en unos Juegos Centroamericanos, se faltan el respeto a sí mismos.

En el mundo de las realidades, el reclamo de un desarrollo del ELA no colonial, y no territorial, solo puede referirse a una asociación que parta de la soberanía del Pueblo de Puerto Rico. Si queremos que Puerto Rico deje de ser un territorio de Estados Unidos, entonces nos ubicamos fuera de la Cláusula Territorial. Legalmente, si Puerto Rico está fuera del espacio de autoridad de dicha Cláusula, pues entonces estará ubicado en su propio espacio de soberanía. No hay espacios intermedios: o somos un territorio sujeto a la soberanía de Estados Unidos, o somos un país soberano. No hay más opciones reconocidas por Estados Unidos.

Así que, por consiguiente, cuando hablamos de una propuesta de desarrollo del ELA no colonial, y no territorial, nos estamos refiriendo a un pacto de asociación entre dos países soberanos.

Lo que me lleva a hablar sobre la soberanía. El Pacto de Asociación expresa inequívocamente que está basado en la soberanía del Pueblo de Puerto Rico. Cuando hablo de soberanía, me refiero a la capacidad legal del Pueblo de Puerto Rico para pactar una asociación política con Estados Unidos, y para ser reconocido como país ante las demás naciones del mundo. Aquella que le permitiría al ELA, por ejemplo, lograr un acuerdo comercial con otro país (y evitar lo que sucedió en las negociaciones fracasadas con Japón durante la administración de Rafael Hernández Colón, en la década de 1980). Soberanía es identidad; capacidad legal; que el pueblo mande en su propio territorio nacional y que decida con quien pacta o se relaciona a nivel internacional; convertirse en un país adulto dispuesto a jugárselas con los demás países del mundo en el tablero de ajedrez que es la economía global.

Pero aclaro además que soberanía no es sinónimo de independencia. Soberanía significa capacidad jurídica; pero,  en el ejercicio de dicha capacidad, un país puede escoger un camino de independencia o, como es el caso que hoy discuto, acordar una asociación política con otro país. Así lo reconoce el derecho internacional, en donde la alternativa de la asociación política goza de su propia personalidad como opción, y no como mera variante de la independencia. Nuestra propuesta es el desarrollo del Estado Libre Asociado.  El ELA que queremos.

Otro mito que aclara el Pacto que hoy les presento: para acordar una asociación, desde la soberanía, no hay que ser primero un país independiente. Eso no es correcto. Las experiencias de asociación pactadas por Estados Unidos demuestran que el reconocimiento de la soberanía del Pueblo de Puerto Rico ocurrirá en el mismo documento en el que pactemos la asociación con Estados Unidos. Soberanía y asociación ocurren de manera simultánea al firmarse el Pacto: en este proceso, Puerto Rico no será independiente ni por un minuto. Mi propuesta recoge así el modelo de soberanía y asociación simultánea que ya conoce Estados Unidos. Así que no estamos inventando la rueda.     

El Pacto de Asociación que les presento va a contener todos los detalles, derechos y responsabilidades de Estados Unidos y de Puerto Rico. Por lo cual, el Pacto va a sustituir a la Ley de Relaciones Federales.   

Ya establecidas las bases de este Pacto, corresponde ahora que revele los poderes que ganará el ELA.

El Pacto de Asociación le proveerá las herramientas clave a Puerto Rico y a todos los puertorriqueños para lograr construir un desarrollo económico pleno, que cree riqueza y empleos; en el cual se aprovechen las ventajas en las redes de la economía global y las relaciones internacionales, y; que haga posible un sistema social cuyos nortes sean la calidad de vida y la igualdad. Es por ello que el Pacto les otorga a los puertorriqueños el derecho a ejercer los siguientes poderes de impacto económico:

  • El poder para negociar y suscribir tratados comerciales;
  • La facultad de renegociar los términos y condiciones de la entrada de Puerto Rico a tratados ya existentes (NAFTA, CAFTA);
  • Representación internacional plena del ELA, por derecho propio; y
  • La facultad de establecer embajadas

Estos poderes son la llave para abrirles mercados en otros países a los productos y servicios puertorriqueños.

Vale destacar que el Pacto de Asociación contiene las bases de un nuevo acuerdo económico con Estados Unidos para encaminar a Puerto Rico hacia su autosuficiencia. Estados Unidos tiene que asumir responsabilidad por su rol en el fomento de la dependencia económica del puertorriqueño. Ese pecado histórico en las relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos comenzará a ser remediado al firmarse este Pacto. El concepto es que Estados Unidos asuma su papel para ayudarnos a encaminar nuestra sociedad hacia la autosuficiencia, la productividad y la innovación.

El nuevo acuerdo económico que contempla el Pacto incluye lo siguiente:

  • Asignaciones en bloque al Gobierno por 30 años (renovables por términos adicionales de 30 años, y luego por acuerdo mutuo) a seis sectores estratégicos: Educación, Salud, Desarrollo del sector privado, Organizaciones sin fines de lucro, Ambiente e Infraestructura pública;
  • Creación de un Fideicomiso al que aportarán Estados Unidos y el ELA para que PR use sus fondos e intereses al concluir las asignaciones en bloque;
  • Continuará el acceso del ELA a servicios y programas federales, reteniendo el ELA la capacidad de asumir dichos servicios de tiempo en tiempo;
  • Se mantiene el mercado común entre el ELA y Estados Unidos. El ELA adquiere la facultad de imponer tarifas, aduaneras, derechos arancelarios e impuestos de aduana a los productos y mercancías extranjeras. Se reconoce la facultad del ELA para proteger ciertos productos puertorriqueños (café, la leche y ciertos productos agropecuarios, por ejemplo);
  • Se le reconoce al Estado Libre Asociado el control sobre sus aguas hasta las 200 millas náuticas superando las 10.5 millas náuticas que tenemos actualmente;
  • Se mantiene la autonomía fiscal del ELA;
  • El ELA controlará los asuntos laborales y las comunicaciones;
  • Se mantiene el dólar como moneda en el ELA, y continuará la aplicación de leyes y reglamentos bancarios, financieros, monetarios y de valores de Estados Unidos;
  • Exclusión del ELA de las leyes de cabotaje, lo que nos ahorrará a los consumidores no menos de $500 millones anuales; y
  • El ELA retendrá el control de la inmigración hacia Puerto Rico, manteniendo Estados Unidos el control de quiénes entran a su territorio.  Se mantiene el libre tránsito de puertorriqueños y americanos entre Puerto Rico y Estado Unidos.

Como se puede apreciar, el Pacto de Asociación nos permitirá ganar una serie de poderes, a la vez que conservamos otras áreas de autoridad que nos conviene mantener como están hoy día. El nuevo acuerdo económico contemplado en este Pacto hará viable la construcción de una economía productiva para ayudarnos a salir del colapso en el que nos encontramos.

Este Pacto es el pasaporte de Puerto Rico al mundo entero.  Persigue no solo sacar a Puerto Rico del colapso económico en el que vivimos, sino aprovechar al máximo las oportunidades que representarán los nuevos mercados y las nuevas corrientes económicas que nos permitan un desarrollo permanente. Es el momento de desarrollar estrategias desde el nivel regional hasta el mundial; de explorar nuevas industrias y hacer que aflore nuestra creatividad e innovación.

Aclaro, sin embargo, que este Pacto ni propone la idolatría de la beneficencia, ni abandona a los más necesitados. Propone combatir tanto a la pobreza como a la dependencia con nuevos instrumentos y recursos, a la vez que fomentamos la productividad y el trabajo.

Hablemos de la ciudadanía, tema crucial para muchos. El Pacto que les propongo reconocerá la doble ciudadanía (ciudadanía americana y puertorriqueña) de los puertorriqueños. La ciudadanía americana se continuará trasmitiendo por los puertorriqueños luego del Pacto y no podrá ser revocada, a menos que la persona renuncie a la misma por las causas que indica la ley federal, las cuales se reproducen en el Pacto. Tanto el ELA como Estados Unidos podrán emitir pasaportes para viajar.

Algunos indicarán que no es posible trasmitir la ciudadanía americana si Puerto Rico va a ser un país soberano. Este problema jurídico no lo creamos los puertorriqueños: lo creó Estados Unidos, al concedernos su ciudadanía en 1917. Tanto es así, que si mañana Puerto Rico fuera independiente, sería una República en donde todos fuéramos ciudadanos de otra nación, Estados Unidos. Así de absurdas son las cosas que ocurren en situaciones coloniales como cuando se legisló la misma.   

El estudio profundo que se ha hecho sobre el tema nos ha llevado a concluir que no existen impedimentos legales para que continúe trasmitiéndose la ciudadanía americana luego del Pacto. Recordemos que un contrato es ley entre las partes, como lo sería este Pacto entre nosotros y Estados Unidos. Pero además de ser un asunto de voluntad política, mantener la trasmisión de la ciudadanía americana también es una cuestión práctica y conveniente para Estados Unidos. Después de todo, a Estados Unidos también le conviene que los puertorriqueños continuemos aportando a su economía mediante el trabajo, los negocios, la cultura, los estudios, e incluso el servicio militar, que el Pacto mantiene de manera voluntaria. Siempre he considerado que los puertorriqueños que se niegan a reconocer sus aportaciones y valía para Estados Unidos tampoco se valoran a sí mismos.     

Por otra parte, luego del Pacto, las personas conservarán sus derechos adquiridos, como Seguro Social, Medicare, pensiones, veteranos, y beneficios de empleados o empleados retirados del Gobierno federal.

Una de las novedades del Pacto es que el mismo redefine lo que son las relaciones y los conceptos mismos de defensa y seguridad entre el ELA y Estados Unidos.

El ELA controlara todos sus asuntos de seguridad doméstica, mientras acuerda delegarle a Estados Unidos ciertos asuntos de seguridad y defensa:

  • Obligación de Estados Unidos de defender al ELA contra ataques o amenazas;
  • Opción de prevenir acceso a o uso del ELA con objetivos militares por otro país; y
  • Uso de instalaciones militares.

Los conceptos de defensa y seguridad se van a redefinir mediante el compromiso de llegar a acuerdos sobre las siguientes áreas de interés común:

(1) Tráfico de drogas; (2) Tráfico ilegal de armas y explosivos; (3) Crimen organizado; (4) Crímenes de cuello blanco;  (5) Asistencia mutua y cooperación en la persecución, captura, encarcelamiento y extradición de los fugitivos de la justicia y en el traslado de los prisioneros; (6) Lavado de dinero, fraude y falsificación; (7) Seguridad de los puertos (aérea y marítima); (8) Guardia Costanera; (9) Inmigración ilegal; (10) Terrorismo; (11) Tráfico de seres humanos; (12) Seguridad cibernética; (13) Bioterrorismo, pandemias y epidemias de enfermedades infecciosas; (14) Desastres naturales; (15) Monitoreo y aviso de amenazas naturales.

Con estas y otras disposiciones en el Pacto, Puerto Rico contará con un acuerdo de defensa claro y específico. A su vez, ambos países continuarán colaborando para adelantar intereses en beneficio de ambos.

Sobre el tema ambiental. El ELA controlará sus asuntos ambientales, pero nuestras leyes y reglamentos deberán ofrecer al menos el nivel de protección al ambiente de las leyes federales. Este compromiso está predicado en el convencimiento que, usando de excusa a su soberanía, Puerto Rico no debe rebajar sus estándares de protección ambiental, como están haciendo otros países con el pretexto de atraer inversiones. Pero aclaramos que la legislación aplicable a lo ambiental será la de Puerto Rico, no la federal. Ello no impide que el ELA mantenga acuerdos de colaboración con agencias del gobierno federal para ayudarnos a alcanzar la meta de proteger nuestro medioambiente.

Por otra parte, el Pacto contiene soluciones y compensación adecuada para los problemas del ambiente y salud de ciudadanos en Vieques y Culebra provocados por las prácticas de décadas de la Marina de Guerra de Estados Unidos. El Pacto será, además de tantas otras cosas, un mecanismo de justicia para nuestra gente de Vieques y Culebra.

El Pacto dispone para la eliminación del Tribunal Federal. Esta institución ha sido una de las responsables en disminuir cada día los pocos ámbitos de autonomía reconocidos al ELA en 1952. Podemos decir que el ELA era mucho más autónomo en 1952 que hoy, en 2010. Ello se debe al crecimiento del gobierno federal, que ha afectado de igual manera los asuntos de los Estados de la Unión. En años recientes, el Tribunal Federal se encargó en intervenir con la reglamentación de la leche; eliminando los certificados de necesidad y conveniencia para el establecimiento de farmacias; insistiendo con la aplicabilidad de la pena de muerte en Puerto Rico, a pesar de prohibirlo nuestra Constitución: incluso, en 2004, pretendió intervenir con la voluntad democrática de los puertorriqueños. 

El Pacto contempla la creación de un Tribunal Conjunto entre ambos países, que hemos llamado el “Tribunal del Pacto”. El mismo se compondrá de dos jueces nombrados por Estados Unidos, dos jueces nombrados por Puerto Rico, y un Juez Presidente seleccionado por acuerdo entre ambos gobiernos. La jurisdicción del Tribunal del Pacto se limitará a resolver las controversias o problemas en la interpretación del Pacto; casos o controversias relacionadas con las leyes y los reglamentos federales que continúen aplicando al ELA según disponga el Pacto y; jurisdicción apelativa de los tribunales del ELA en casos donde se planteen derechos que se reclamen por la condición de ciudadanos americanos.

Finalmente, las disposiciones del Pacto y sus acuerdos suplementarios solo podrán ser enmendadas por acuerdo mutuo. Las partes solo podrán terminar el Pacto por mutuo acuerdo, y sujeto a la continuación de las asignaciones económicas provistas por Estados Unidos. 

En mi opinión, el Pacto de Asociación que hoy propongo, como les dije anteriormente, es distinto y hasta superior a los demás pactos que ha negociado Estados Unidos en su historia. No es un documento que nos encamine a la independencia política, ni a la estadidad, ni a dejar las cosas como están. Representa una nueva opción de futuro para todos. El mismo recoge todas las aspiraciones históricas del Pueblo de Puerto Rico, y asegura una relación más productiva con el gobierno de Estados Unidos, basada en el respeto mutuo. Además, nos abre la puerta a ese gran mundo de posibilidades que nos espera en la economía global.

Confiado en que este documento representa la nueva esperanza para nuestro país, me propongo, con la ayuda y generosidad de todos los que están convencidos del mismo, promover la discusión de este Pacto a lo ancho y lo largo de Puerto Rico. A tales efectos, anuncio formalmente el comienzo de una serie de reuniones y vistas públicas, comenzando el próximo 11 de marzo en Jayuya, con el propósito de cambiar de impresiones sobre esta propuesta e incorporar aquellas ideas que propendan a su fortalecimiento. Las vistas públicas continuarán en Caguas, Quebradillas, San Juan, Juana Díaz, Humacao y Hormigueros.

No debe quedar la menor duda de que la viabilidad de este Pacto depende de la voluntad de los puertorriqueños y puertorriqueñas. Dependeremos del talento boricua para encaminarnos a un nuevo orden. Dependeremos de la capacidad de cada hombre y mujer de esta Patria para colaborar y poner de su parte para construir un nuevo país. 

Tengamos siempre presente, que el estatus político es para servirle al pueblo y no el pueblo para servirle al estatus político.

Dijo quien fue mi primer maestro cuando comencé a servirle al país desde la legislatura, mi compueblano caborrojeño, Severo E. Colberg, y cito:

“El estatus político debe ser un instrumento eficaz para alcanzar cada día etapas superiores de prosperidad y felicidad para nuestro pueblo.  Debe ser un mecanismo de acción colectiva que facilite promover y que jamás impida el bienestar general del país”.

 

Este Pacto es el instrumento eficaz que hoy propongo para alcanzar etapas superiores de prosperidad para nuestro pueblo.

Como les mencioné el objetivo fundamental y principal de nuestra propuesta es proveerle nuevas herramientas y mecanismos a Puerto Rico y a todos los puertorriqueños para lograr construir un desarrollo económico pleno, que cree riquezas y empleos, y un sistema social cuyo norte sea la calidad de vida y la igualdad.

Para lograrlo, se necesitan actitudes creativas y nuevas formas de libertad política.

A estos efectos, dijo don Luis Muñoz Marín en la Universidad de Harvard en el 1955 y cito:

“En esencia, la Operación Estado Libre Asociado consiste en no desechar actitudes creadoras hacia nuevas formas de libertad en la hermandad de los pueblos. Nuevas formas de libertad política deberán estar por siempre en el crisol del pensamiento y la acción”.

 

El tema del estatus político se ha prestado históricamente para las demagogias internas en los partidos y externas entre los partidos políticos.  Nuestro propósito es no entrar en esa dinámica, sino, presentar una propuesta que espero genere una discusión  seria de cómo lograr mejorar el Estado Libre Asociado de manera que se conviertan en realidad las aspiraciones y expectativas de la mayoría de los puertorriqueños que junto a la justicia social, han sido la razón de ser del Partido Popular Democrático.

Finalizo este mensaje manifestando, que este esfuerzo está fundamentado en mi mayor deseo, de que el Pacto sea un instrumento de solidaridad, unidad y convergencia de voluntades.

Las experiencias vividas durante muchos años, estudiando, trabajando y escuchando sobre el tema del estatus político, me han convencido, fuera de toda duda, que esta propuesta representa la aspiración de la mayoría de los puertorriqueños.  Por esa razón reafirmo mi determinación inquebrantable que, además de mis otras responsabilidades, le dedicaré todo mi empeño y energía, por el tiempo que sea necesario, para lograr que este proyecto llegue a su más amplia divulgación y a la más absoluta culminación por el bien de la presente y de las futuras generaciones.

Tengo la esperanza y confío que mi Partido analice y acepte este trabajo que hoy presento ante el País.

Como dijera don Luis Muñoz Marín en el 1973 en Barranquitas

“La única manera democrática de apretar lazos es aflojando y  destruyendo cadenas”.

 

Hoy los invito a que nos unamos y regresemos a nuestras comunidades, con vocación de enseñanza, espíritu combativo, comprometidos con un proyecto de renovación y futuro que este Pacto de Asociación representa, para lograr un mejor Puerto Rico.

Muchas Gracias

 

8 de marzo de 2010

Facultad de Derecho

Universidad Interamericana de Puerto Rico

Hato Rey, Puerto Rico 

Última actualización el Viernes 11 de Junio de 2010 16:41